Humanismo y Religión en Feuerbach

Introducción:

En el siguiente trabajo me dedicaré a ver como Feuerbach concibe al ser humano, poniendo mayor énfasis al tratamiento de la conciencia, y la distinción entre el individuo y la especie como clave para entender el origen de la religión. Se explicitarán algunas bases fundamentales para entender el pensamiento del autor con el fin de sostener como conclusión que la religión es producto del hombre, que al pensarse genericamente toma conciencia de lo infinito, pero atribuyendolo a otro ser distinto de sí.

Desarrollo:

La esencia del hombre

Feuerbach comienza su libro preguntandose por la esencia del hombre, por aquello que lo diferencia de los demás animales. La primera respuesta gira en torno a la conciencia. Pero la conciencia entendida de determinada manera, esto es con palabras de Feuerbach, la “conciencia en sentido estricto”. Si entendemos conciencia del modo más usual, como “sentimiento de sí mismo, como facultad de distinción de lo sensible, de la percepción e incluso del juicio sobre las cosas externas, según determinadas características sensibles”, entonces los animales tienen conciencia. Sin embargo, y por eso está indagando este tema, “la religión se funda en la diferencia esencial que existe entre el hombre y el animal; los animales no tienen religión”. Por lo que debe haber algúna otra cuestión que no estamos teniendo en cuenta, que diferencia la conciencia animal de la conciencia de los seres humanos:

La conciencia, en sentido estricto, sólo existe allí donde un ser tiene como objeto su propio género, su propia esencialidad. El animal puede devenir objeto de sí mismo en cuanto individuo – por eso posee sentimiento de sí mismo-, pero no en cuanto género -por eso carece de conciencia, nombre derivado de saber-.

El hombre se diferencia de los demás animales porque puede pensarse como especie, tiene noción de su humanidad, forma parte de algo que lo trasciende. Nos encontramos con una concepción de hombre que hereda mucho de Hegel. Pone a la conciencia como clave, pero haciendo la distinción del género como objeto determinante de la conciencia humana y su relación con el saber. La autoconciencia es saber que se sabe, no meramente un saber estar en el mundo, así como el perro “sabe” abrir una puerta. Por otro lado, reconocerse como género implica ir hacia atrás y ver un igual en los antepasados, el genero incluye en una misma clase a todo ser humano más allá del tiempo y el espacio, hay una continuidad, una linea que no es necesaria para los animales, basicamente: una historia.

Es importante entender como concibe Feuerbach al hombre, porque su filosofía de la religión está ligada a una antropología. Una se explica por la otra. Para Feuerbach la esencia del hombre no es solo la esencia de la religión si no también su objeto:

La religión es la conciencia de lo infinito; es y sólo puede ser la conciencia que el hombre tiene de su propia esencia, no finita y limitada, sino infinita.
Es esta conciencia de lo infinito la que Feuerbach reconoce como verdadera, como conciencia en sentido propio. Cabe aclarar que aquí hay un supuesto importante, y es que la especie, a diferencia del individuo, es infinita. Esta idea está en Marx, pero también podríamos encontrarla ya en Aristóteles. La conciencia, dice Feuerbach, es esencialmente universal, naturaleza infinita. Y la religión tendría el mismo objeto, solo que separando en otro mundo, en otros seres, esa infinitud. La conciencia al pensar lo infinito, piensa su propia infinitud, mientras que la religión la pone en otro lado.

Lo finito y lo infinito

La cuestión de la finitud del individuo y la infinitud de la especie es sumamente importante en la filosofía de la religión de Feuerbach, porque allí radica la causa del origen de la idea de Dios. De la incomprensión de esa naturaleza dual del ser humano, como hombre individual y como hombre genérico, surgirá la idea de un ser diferente y separado, que en realidad, no refleja más que las cualidades que la conciencia toma de sí misma. Por que la conciencia no puede tener como objeto nada que sea ajeno a ella. La idea del pensamiento que se vuelve sobre si mismo, como algo completo, cerrado, y en un sentido perfecto para sí mismos también están muy presentes en la posicion de Feuerbach. La conciencia es separación, el hombre es conciente de sí mismo a travéz del objeto, su actividad pensante consiste en objetivar el mundo, pero también la conciencia hace un giro sobre sí misma:

Cualquiera sea el objeto que se presente a nuestra conciencia, nos conduce siempre, al mismo tiempo, a la conciencia de nuestra propia esencia; no podemos actualizar otra cosa sin actualizarnos a nosotrosm mismos.

Esta idea puede resultar compleja, ya que por momentos parece un juego de palabras. Todo en algún sentido es en tanto es para la conciencia, hay una relación entre la conciencia y su objeto que no deja nada por fuera de ese vínculo. El idealismo está presenta más allá de los intentos de Feuerbach por dar una explicación concreta y humana del fenómenos religioso. Esa relación circular entre conciencia y objeto, es importante para entender la noción de finitud e infinitud. Feuerbach afirma por un lado la infinitud del género y la finitud del individuo, pero también dice que el hombre confunde estos planos, atribuyendo límitaciones propias a todo el género humano, o admirando en sí mismo cualidades que hacen a la humanidad. Los planos parecen estar muy delimitados. Pero a su vez, afirma:

Todo ser es, más bien, en y por sí mismo infinito, tiene su Dios, su esencia más alta, en sí mismo. Toda limitación de un ser existe solo respecto de otro ser exterior y superior.

El límite, la finitud del individuo, es siempre en relación a algo ajeno a él, en ese sentido, el hombre toma conciencia de su finitud al ser conciente de la infinitud, pero no en la relación que tiene consigo mismo. Hay una correspondencia entre ser y entendimiento, “la medida del ser es también la medida del entendimiento”, dice Feuerbach, si el entendimiento es limitado, el ser también lo será, “pero para un ser limitado no representa el entendimiento limitado ningún límite, está, al contrario, perfectamente feliz y satisfecho consigo mismo”. El entendimiento es el campo visual, es lo que un ser puede abarcar, y no es una limitación en tanto responde a las necesidades de ese ser. Entonces de acuerdo a las necesidades, el límite del entendimiento no representa una limitación, si no un universo posible de ser pensado y sentido. El entendimiento marca hasta donde se extiende un ser, y hasta allí, dice Feuerbach, eres Dios.

La esencia de la religión

La conciencia y el conocimiento que tiene el hombre de Dios no es mas que conocimiento de sí mismo. “Conoces al hombre por su Dios, y viceversa, por su Dios conoces al hombre”. Hay una ideantidad entre lo que el hombre es y su religión. Por eso podemos hablar de Feuerbach como un humanista ateo. Pero su ateísmo no parte de una negación categórica de la religión, si no que intenta conocer el fenómeno para conocer así la esencia humana. Sin embargo, es importante destacar que esta es una mirada que no se corresponde con la que el hombre religioso tiene de su religión, porque es justamente esta confusión, este no poder ver en Dios al mismo hombre, lo que motiva la esencia particular de la religión. Lo que Feuerbach quiere demostrar es que no hay una contradicción entre hombre y religión, que no son algo opuesto de naturalezas distintas, si no más bien todo lo contrario, pero lo paradójico es que la existencia de la religión depende de esa ilusión. Para entender esa separación, compara a la religión con la esencia del niño, que ve en el hombre adulto una esencia separada de él. No es casual que use la imagen de la infancia, imagen que se repite cuando se piensa la historia de la humanidad como una línea de progreso por el camino del conocimiento racional. Feuerbach ve esa misma progresión en la historia de las religiones, y ya vislumbra en su tiempo un cambio en la manera en la que se vive lo religioso.

El pensador puede tomar la religión como objeto y así entender su esencia. Feuerbach hace un análisis y distingue la existencia de Dios de lo que podemos predicar de él. Discute el hecho de que se considere ateo a quién niega la existencia del sujeto, pero no a quién niega sus determinaciones, ya que “negar las determinaciones es tanto como negar el ser mismo”. Quién cree en Dios, le da atributos, porque así le da entidad, un ser sin determinaciones es lo mismo que nada, carece de objetividad y es producto de la incredulidad moderna. El hombre sigue aceptando que Dios existe, pero en los hechos no lo reconoce, afirmando que Dios no se puede conocer, se disculpa por el hecho de haber dejado de creer en él. Hay una relación directa entre la exitencia y la finitud, quién existe tiene cualidades. Dejar a Dios como algo indeterminado es una manera de expulsarlo de la vida del hombre.

Pero hay otra manera en la que hombre religioso niega los atributos de Dios, y que no es por la incognoscibilidad absoluta, si no admitiendo que todo lo que se predica de Dios, es solo una manera humana de entenderlo. Como el hombre esta limitado, y sólo puede hablar de Dios utilizando calificativos antropomorficos, utiliza ese lenguaje para referise a Dios, pero Dios tiene otra naturaleza, eso no habla de como es verdaderamente Dios. Feuerbach afirma que esta distinción no tiene fundamentos y es insostenible, ya que “No puedo saber en absoluto si Dios es diferente en sí y por sí de como es para mí”. Es una ilusión pensar que el hombre puede ponerse por ensima de sí en este caso. Pensar que hay un Dios para mi y un Dios en sí, es una idea escéptica que atenta contra la misma religión. La religión, que cree tener un conocimiento que debe ser adoptado por todos, que conoce cuestiones fundamentales sobre la naturaleza humana, no puede contentarse con tener solo una idea de lo que es Dios. Cuando el hombre piensa que los predicados de Dios son antropomórficos, surge la duda y la falta de creencia. Se abre una grieta entre el hombre y su Dios. Además, afirmar la existencia también es un algo que el hombre hace en relación con su propia existencia, él existe, ama existir, y afirma la exitencia de Dios. Pero no puede separarse la existencia de la esencia.
La confusión surge de que sólo la existencia es necesaria, mientras que la administración de los predicados es libre, ya que el sujeto puede ser de distintas maneras. Sin embargo, esa distinción es aparente, ya que la existencia por si sola no es nada, el ser humano no puede ser, sin ser a la vez humano. El cristiano cree en el Dios cristiano, no cree en los otros dioses. Y justamente los predicados de Dios cambian históricamente de acuerdo a la cultura. Mientras que unos desprecian lo corpóreo, para los griegos sus Dioses eran fuertes, sentían. Y le atribuyen a sus dioses esas cualidades jutamente porque las consideran divinas:

La primera esencia verdaderamente divina es no la propiedad de la deidad, si no la divinidad o la deidad de la propiedad. Por lo tanto, lo que hasta ahora la teología y la filosofía concebían como Dios, lo absoluto, el ser esencial, no es Dios; y lo que negaban de Dios, es proceisamente Dios, es decir, la propiedad, la cualidad, la determinación, la realidad en general.

Es muy claro como se le adjudica prioridad al predicado por sobre el sujeto. Y la diferencias que encontramos en las distintas religiones según las cultura, le permiten a Feuerbach sostener que el hombre divinisa las cualidades antes que a Dios, cualidades que son antropomórficas y que hablan del hombre mismo. Pero parece que mientras más cosas afirma el hombre de Dios, menos afirma de sí mismo. Se da una relación inversamente proporcional entre el hombre y la religión. El hombre separa y afirma en Dios aquello que el no es y que debe ser.

Conclusión:

Feuerbach al mostrar el carácter histórico de la religión y convertirla en una antropología, realiza un proceso inverso al de la religión, ya que pone todo aquello de vuelta en el plano de lo humano. Si el hombre predica todo eso de Dios, al tomar conciencia de que se trata de su propia esencia, puede recuperar su dignidad y su poder, que si bien se manifiesta en sus obras, es ocultado, es abstraido y se presenta como la negación de sí mismo.

Bibliografía:

Feuerbach, Ludwig, “La esencia del cristianismo”, Capítulo I y II, Madrid, Ed. Trotra (1995)

Pannenberg, Wolfhart, “Una historia de la filosofía desde la idea de Dios”, .Salamanca, Sigueme, (2002)